Las heridas invisibles de la Primera Guerra Mundial
Entre 1914 y mucho después de que se silenciaran las armas, miles de soldados sufrieron traumas psicológicos.
Ante la falta de conocimientos médicos, muchos fueron acusados de cobardía, institucionalizados o sometidos a
tratamientos brutales. Un siglo después, sus heridas invisibles por fin tienen nombre: trastorno de estrés postraumático.
Almas Rotas, creada por El Museo de la Gran Guerra y BBDO París
Haciendo eco de la trinchera inmersiva de tamaño natural recientemente inaugurada en el sitio de Meaux, esta campaña invita al público captar la realidad íntima y psicológica de las experiencias de los soldados.
Al confrontar el pasado y el presente, nos recuerda una verdad simple: cuando la guerra termina en el campo de batalla, no terminará en la mente de quienes lo combatieron. Para encarnar a estas “almas rotas”, la campaña presenta una serie de carteles arraigados en un proceso deliberadamente lento, físico y experimental. Estas imágenes no se generan.
Están alterados, disueltos, desgastados. Al igual que los hombres que retratan.
"Así como los soldados de la Primera Guerra Mundial soportaron su propia experiencia, queríamos que estos carteles pasaran por una prueba propia. Había un elemento de imprevisibilidad en las instalaciones y en los resultados visuales finales”, señaló Julien Beuvry, director artístico de BBDO París.
Cada cartel funciona como una puesta en abismo visual de la experiencia vivida por los soldados en las trincheras. Tres retratos. Tres metáforas visuales del trauma mental. "Sufrimiento": 1916 copias del mismo retrato, cortadas y superpuestas para formar una trinchera. "Dolor" - Un retrato expuesto a gotas de disolvente durante 24 horas, que refleja el ritmo implacable de la Batalla de los bombardeos del Somme."Angustia" - Un retrato dejado durante 10 días en el fondo de una trinchera real: la duración media de la permanencia en el frente de línea.
La campaña se extiende a una serie de tres documentales cortos, filmados dentro del museo y su inmersión trinchera, lanzado progresivamente en línea. El destino de tres soldados, contado por sus descendientes, un historiador, y psiquiatras, establecen poderosos paralelos entre el trauma pasado y la psiquiatría moderna:
Anthelme Mangin, “El soldado desconocido viviente”; Baptiste Deschamps, “Los heridos sin heridas”; y Ernst Jünger, “El soldado que se hizo escritor”.
