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Amy Webb en SXSW: El funeral de las tendencias y el nacimiento de las “convergencias”

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(18/03/26). Cada año, una de las conferencias más esperadas de South by Southwest es la de Amy Webb. Y este 2026 no fue la excepción. Pero esta vez la futurista —o, si se prefiere en español, la futuróloga— no vino a presentar su famoso informe anual de tendencias. Vino a enterrarlo. Compartimos una nueva columna de Alejandra Muscolini y Gustavo Casaño, de Argency, están en Austin (USA), cubriendo SXSW 2026 para LatinSpots, siguiendo algunas de las conferencias más relevantes de un festival que, una vez más, funciona como un radar privilegiado para leer hacia dónde se está moviendo el mundo.

Cada año, una de las conferencias más esperadas de South by Southwest es la de Amy Webb. Y este 2026 no fue la excepción.

Pero esta vez la futurista —o, si se prefiere en español, la futuróloga— no vino a presentar su famoso informe anual de tendencias. Vino a enterrarlo.

La escena fue tan simbólica como teatral.

La conferencia comenzó con un video que funcionaba como un memorial para los reportes de tendencias que Webb publicó durante casi dos décadas. Luego, frente a una sala repleta, pidió al público que se pusiera de pie y encendiera las cámaras de sus teléfonos. En ese momento, rompió físicamente las hojas del informe, como un gesto performático para declarar su final.

La escena se volvió todavía más SXSW cuando una banda tejana entró tocando música en vivo para acompañar el momento. Incluso, al ingresar, los asistentes recibían pequeños obsequios que reforzaban ese clima de show, manifiesto y ceremonia.

El mensaje era claro: el mundo ya no se puede entender a través de tendencias aisladas.

Estamos entrando en una nueva era.

De las tendencias a las convergencias

Durante casi veinte años, el “Tech Trends Report” de Webb fue una referencia para empresas, gobiernos y líderes tecnológicos. Pero según la propia autora, ese modelo ya no alcanza para entender el ritmo actual del cambio.

En lugar de tendencias, Webb propone observar convergencias.

Una convergencia ocurre cuando múltiples fuerzas —tecnológicas, económicas, sociales y geopolíticas— colisionan y generan transformaciones sistémicas. A diferencia de una tendencia, una convergencia no impacta en un solo sector: atraviesa industrias completas, redistribuye poder y crea realidades que luego resultan muy difíciles de revertir.

En palabras de Webb, mirar tendencias es como mirar el clima.

Entender convergencias es anticipar la tormenta.

Y según su análisis, tres grandes convergencias ya están redefiniendo el futuro.

Desde Austin, Alejandra Muscolini y Gustavo Casaño, de Argency, están cubriendo SXSW 2026 para LatinSpots, siguiendo algunas de las conferencias más relevantes de un festival que, una vez más, funciona como un radar privilegiado para leer hacia dónde se está moviendo el mundo.

1. El cuerpo como plataforma

La primera de estas convergencias es el aumento humano.

La tecnología está dejando de ser algo que usamos para convertirse en algo que somos. La frontera entre biología y tecnología se está diluyendo, transformando el cuerpo humano en una plataforma optimizable.

Hoy ya existen exoesqueletos de consumo que funcionan como una “e-bike para las piernas”, interfaces cerebro-computadora que permiten controlar dispositivos con el pensamiento, y sistemas de edición genética capaces de reprogramar el envejecimiento celular.

La implicancia es profunda.

Según Webb, una persona que combina tecnologías de optimización física, descanso asistido por inteligencia artificial y capas de realidad aumentada podría llegar a ser 2,2 veces más efectiva que una persona promedio.

El problema no es tecnológico.

Es social.

Por primera vez en la historia, la desigualdad podría no ser solo económica o educativa, sino biológica.

2. Trabajo ilimitado

La segunda convergencia apunta directamente al corazón del sistema económico.

Desde Adam Smith hasta hoy, el crecimiento económico estuvo ligado a la disponibilidad de trabajo humano. Pero la convergencia entre inteligencia artificial, robótica avanzada y automatización industrial está empezando a romper ese vínculo.

Webb describe este fenómeno como “industrialismo lights-out”: fábricas diseñadas desde cero para operar sin intervención humana, literalmente en la oscuridad porque ya no hay personas que necesiten luz para trabajar.

Los ejemplos ya existen: robots capaces de mover 700 cajas por hora en depósitos logísticos, agentes de inteligencia artificial que escriben y corrigen código millones de veces por día, y avatares digitales que venden productos en streaming durante 24 horas sin cansancio.

El resultado es una ecuación inédita en la historia económica:

producción sin salarios y escala sin población.

Esto abre una pregunta incómoda que Webb lanzó a la audiencia:

¿qué ocurre con una economía que prospera pero que ya no tiene uso para los seres humanos?

3. La externalización de las emociones

La tercera convergencia es quizás la más inquietante.

Mientras las máquinas asumen cada vez más tareas productivas, los humanos comienzan a delegar también parte de su vida emocional.

Hoy entre el 15% y el 50% de los estadounidenses ya utilizan modelos de lenguaje para recibir apoyo emocional o psicológico.

En Japón se registran matrimonios simbólicos con inteligencias artificiales, mientras que plataformas como Character AI permiten crear amigos, parejas o consejeros personalizados.

El proceso suele seguir un patrón claro:

sustitución, dependencia y finalmente control.

A medida que las personas delegan su regulación emocional en plataformas tecnológicas, la estabilidad afectiva empieza a depender de infraestructuras corporativas invisibles.

La soledad, en ese contexto, se convierte en un nuevo mercado global.

Dos futuros posibles

Frente a estas convergencias, Webb plantea dos escenarios para la próxima década.

El primero es lo que denomina capitalismo completado: un sistema donde las empresas terminan vendiendo a las personas su propia humanidad de vuelta. Suscripciones para optimizar el cuerpo, el descanso, la productividad y hasta la validación emocional.

El segundo escenario propone un modelo alternativo llamado Contribution Credit: un sistema en el cual las empresas que se benefician de la automatización y de los datos humanos redistribuyen parte de ese valor hacia la sociedad.

No sería una renta básica universal ni un impuesto tradicional, sino una forma de participación en las ganancias generadas por la automatización.

El futuro no está escrito

Más allá de las tecnologías, la conferencia dejó una reflexión final que resonó en toda la sala.

El futuro no es algo que simplemente ocurre.

Es algo que decidimos.

La verdadera pregunta —según Webb— no es qué tecnología vendrá después, sino qué hábitos seguimos manteniendo por comodidad aunque el mundo que los sostenía ya desapareció.

Para una audiencia compuesta en gran parte por creativos, estrategas y tecnólogos, la provocación fue clara: entender el futuro ya no consiste en identificar tendencias.

Consiste en aprender a navegar convergencias.

Y esas tormentas ya están aquí.

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