Durante décadas, la narrativa cultural dominante fue clara: las audiencias latinas debían adaptarse al idioma y a los códigos del entorno mainstream. Sin embargo, el fenómeno generado por Bad Bunny de cara al Super Bowl marca un punto de inflexión histórico. Por primera vez, el movimiento cultural ocurre en sentido inverso: audiencias angloparlantes comienzan a aprender español no por obligación, sino por deseo de pertenecer a un momento cultural.
Así lo revela un estudio de escucha digital realizado por Shift Porter Novelli, agencia especializada en análisis de datos, comunicación estratégica y detección de tendencias culturales. El análisis se desarrolló a partir de la conversación generada en torno a la participación del artista puertorriqueño en el Super Bowl y su esperado Half Time Show.
El estudio analizó más de 32.000 comentarios publicados en plataformas sociales y de video —principalmente TikTok, YouTube y Reddit— así como en secciones de comentarios vinculadas a contenidos mediáticos en Estados Unidos. La muestra se dividió en dos grandes categorías: comentarios en texto (96%) y comentarios compuestos exclusivamente por emojis (4%).
Más allá de medir volumen o alcance, el objetivo del análisis fue comprender cómo se construye sentido colectivo alrededor del idioma, la identidad y el poder cultural, a partir de la reacción a una intervención pública de Bad Bunny vinculada al evento deportivo más relevante del año.
Uno de los hallazgos más relevantes es que el cambio cultural no está siendo impulsado principalmente por voces latinas reclamando espacio, sino por audiencias angloparlantes protagonizando activamente su propia adaptación cultural. Personas que hablan inglés comenzaron a mostrar —en comentarios y especialmente en videos— cómo estaban aprendiendo español para poder cantar, entender y participar del espectáculo, exponiendo errores, acento y frustraciones con humor y autoironía.
El 88% de la conversación se desarrolló en inglés, confirmando que el fenómeno trascendió a la audiencia latina. Sin embargo, la participación fue más allá de la opinión: las personas performaron su adaptación cultural. En plataformas como TikTok, el aprendizaje del idioma se convirtió en contenido, documentado en tiempo real a través de ensayos, avances, tropiezos y celebraciones colectivas.
“Lo que estamos viendo con Bad Bunny es un cambio en la dirección del poder cultural. Ya no se trata de traducir la cultura latina para que sea entendida, sino de una audiencia dominante que decide adaptarse para entrar. Cuando eso ocurre, estamos frente a un fenómeno cultural, no frente a una tendencia pasajera”, explicó Oscar Solano, Vicepresidente – Chief Creative Officer.
Desde la agencia, este tipo de comportamientos se leen como señales tempranas de transformaciones profundas en la conversación pública.
“En Shift Porter Novelli analizamos permanentemente cómo se mueve la cultura y qué motiva a las personas a participar. Detectar estos patrones nos permite anticipar cambios y diseñar estrategias que conecten desde la relevancia cultural, no desde la imposición del mensaje”, señaló Rodrigo Castro Ventura, CEO de Shift Porter Novelli.
Los emojis como idioma universal
Otro hallazgo significativo del estudio es el rol de los emojis como lenguaje transversal dentro de la conversación. En un contexto donde muchas personas aún no dominan el español, los emojis funcionaron como un puente emocional que facilitó la comprensión y la participación.
Los datos muestran que los emojis cumplieron una función estratégica clave:
• redujeron la tensión y habilitaron el humor
• validaron el esfuerzo y el intento
• celebraron el progreso
• expresaron entusiasmo cultural
“El uso de emojis demuestra que, incluso cuando el idioma todavía es una barrera, el lenguaje emocional permite que las personas se sientan parte. La pertenencia empieza muchas veces antes de entender las palabras”, afirmó Nathalie Chinchilla, Head de Estrategia Creativa de Shift Porter Novelli.
En conjunto, el fenómeno no muestra a audiencias latinas pidiendo espacio, sino a audiencias angloparlantes aprendiendo a habitar un territorio cultural que ya no se traduce. El español deja de operar como una barrera y se consolida como símbolo de centralidad cultural dentro de la conversación pública.
El cambio no se impone desde el conflicto, sino que se filtra de forma orgánica a través del humor, la empatía y la validación cotidiana, confirmando un giro profundo en la manera en que hoy se construyen las dinámicas culturales y comunicacionales.
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