Según Ibope, Rousseff, del Partido de los Trabajadores (PT), tiene el 39% de las intenciones de voto. En segundo lugar viene la candidata del Partido Socialista Brasileño (PSB), Marina Silva, con el 25%. Aécio Neves- nieto del ex presidente Tancredo Neves, quien nunca llegó a asumir el poder por su fallecimiento en 1985- tiene el 19% de las intenciones de votos, en el tercer lugar.
La séptima elección presidencial por voto directo, luego del regreso a la democracia en 1984 en Brasil, está marcada por una gran exposición de los candidatos en la televisión. Debates, entrevistas privadas y la propaganda electoral gratuita nunca fueron tan valoradas por la política brasileña como hoy.
La insatisfacción de ciertos sectores de la sociedad con el país actual, materializada en la ola de protestas del año pasado, y la revolución digital, que potencializó el poder del ciudadano común, se refleja en la política brasileña y en sus estrategias electorales. Quedaron en el pasado los candidatos que no participaban en debates o preferían no exponerse, sobre todo cuando tenían ventaja en las encuestas a pocas semanas de las elecciones. En 2014, todos participan de los debates, hecho inédito en las elecciones anteriores.
La mayor exposición de los candidatos también deja en evidencia puntos débiles y fortalezas. Dilma lucha para convencer al pueblo brasileño de que su gobierno fue lo que más combatió y enfrentó la corrupción, investigando y echando a cualquier colaborador o funcionario sospechado de actos ilícitos. Durante su gobierno, la presidenta brasileña relegó a 6 Ministros de Estado, imputados en causas de corrupción.
Marina sufre para mantener los niveles de popularidad que supo alcanzar luego de la muerte de Eduardo Campos, el candidato socialista de quien era la vice. Su discurso inicial atrajo a indecisos, ex Lulistas y críticos de Dilma, pero dejó dudas sobre a qué sectores de la sociedad privilegiará en un posible gobierno. Su acercamiento a ruralistas y banqueros, dicen los analistas, le quitaron popularidad. La candidata que llegó a estar empatada con Dilma en las encuestas finalmente se alejó del primer puesto.
Aécio Neves perdió fuerza en la disputa presidencial brasileña luego de la muerte de su adversario socialista Eduardo Campos, que llevó a la disputa a Marina Silva. En contra del nieto del ex presidente Tancredo también pesa una denuncia, en la que se lo acusa de usar dinero público (cerca de 7 millones de dólares) para construir un aeropuerto en una propiedad rural de su familia durante su gestión como gobernador del estado de Minas Gerais. La explicación de Aécio de que la obra sirvió a toda la comunidad vecina no convenció al electorado, y el candidato nunca pudo acercarse a Marina en las intenciones de voto.
Cualquiera sea el elegido de Brasil, el desafío que le espera será tan grande como su territorio. Una economía en desaceleración, con una clase media cada vez mayor y más exigente, y la obligación de defender su definición de País Emergente, que logró conquistar en la última década.