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Brasil y Uruguay mantienen su apuesta por la inclusión

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(27/10/14). Los pueblos de Brasil y Uruguay decidieron ayer y democráticamente, seguir en el camino de la inclusión social y la integración latinoamericana. En Brasil, Dilma Rouseff (PT) logró una ajustada victoria sobre el candidato neoliberal Aécio Neves, del PSDB que gobernó en los ‘90, en un ballotage que mantuvo al país en vilo hasta las 21h (horario local), cuando se anunció el resultado final de la votación. Dilma obtuvo el 51,64% de los votos, mientras que Aécio logró el 48,36%. En Uruguay, Tabaré Vázquez, del Frente Amplio, con el apoyo del actual presidente, José Mujica, logró el primer lugar, pero aún tendrá que medirse con el segundo colocado, Luis Lacalle Pou, del Partido Nacional, en un ballotage, el próximo 30 de noviembre.

Ambos procesos electorales atrajeron la atención de toda Latinoamérica por el riesgo que había de la vuelta al gobiernos, de los sectores neoliberales que ya gobernaron en la década del ‘90, “la década pérdida en términos sociales y económicos para la región” y que planteaba una amenaza no solo al proceso de integración regional, fortalecido en la última década sino también a la urgente y necesaria política de inclusión social, ampliación de derechos y desarrollo autónomo puesta en práctica por el gobierno de PT con Lula y Dilma.

Un recorte de lo que pasó ayer retrata el perfil promedio de los electores de uno y de otro lado y, consecuentemente, a quienes los dos modelos de país en disputa, pretendian atender. Dilma obtuvo su mayor diferencia de votos en relación a Aécio en la ciudad de Belágua, pequeño pueblo de 7 mil habitantes del estado del Maranhão, Norte del país, de bajísima renta per capta, pero fuertemente atendido por las políticas sociales del PT. Es el décimotercer municipio de Brasil con el mayor porcentaje de familias que reciben la ayuda social oficial. Aécio, por otro lado, logró su mayor diferencia de votos con Dilma en Miami, Estados Unidos, donde viven cerca de 300 mil brasileños. Lo mismo ocurrió en la rica región Sur de Brasil, donde Aécio ganó en la mayoría de los estados, y en el Nordeste, la región más pobre del país, donde Dilma obtuvo amplia mayoría. Curiosamente fue en el estado donde gobernó, Minas Gerais, que Aécio no tuvo los votos que faltaron para su victoria.

“Mis primeras palabras son de un pedido de unión. En las democracias, unión no significa necesariamente unidad de ideas. Presupone, en primer lugar, apertura y disposición para el diálogo. Esta presidenta está dispuesta al diálogo, y este es mi primer compromiso para este segundo mandato”, fueron las primeras palabras de Dilma ya como presidenta reelecta.

Son muchos los desafíos para el PT y sus aliados en este cuarto período de gobierno en Brasil, pero sin duda, la unión es el tema del momento, no solo por el valor simbólico que conlleva, sino también por el actual cuadro político de un país verdaderamente dividido en términos electorales.

Dilma tuvo todo en su contra. Los medios hegemónicos locales hicieron todo para intentar minar la popularidad de la presidenta, sobre todo en los días previos a la elección. El caso más escandaloso fue el de la revista Veja, uno de los medios gráficos de mayor tirada en el mundo (1,2 millones de ejemplares semanales), que publicó en su portada del viernes una acusación de que Lula y Dilma comandaban un esquema de corrupción y coimas en Petrobras, la mayor petrolera de Latinoamérica, basada en declaraciones judiciales, sin ningún tipo de pruebas, sospechosamente filtradas a la prensa, de un arrepentido operador del sistema cambiario ilegal.

En menos de 24 horas luego de la publicación de la nota, la Justicia Electoral de Brasil determinó la publicación de un Derecho de Réplica al PT, en el website de la revista, que sigue vigente hasta la próxima edición de la revista.

No fue la primera vez que el PT es víctima de acusaciones mediáticas sin pruebas pocas horas antes de confirmar su preferencia popular en las urnas. La novedad en este caso, fue la inmediata y enérgica reacción de Dilma, quien no se limitó a defenderse, sino salió al ataque, hablando sobre cada uno de los casos comprobados de corrupción del partido de Aécio, poco difundidos y sin cualquier condena judicial, empezado por el escándalo de la compra de votos a parlamentarios para la aprobación de la reelección de Fernando Henrique Cardoso en 1998.

Dilma tuvo que enfrentar también en su campaña a la dramática crisis financiera internacional que también llegó a Latinoamérica. La desaceleración de la economía brasileña es producto directo de esta crisis, pero es utilizada por la oposición para cuestionar el modelo económico de inclusión y distribución de riqueza liderado por Dilma.

Pese a todas las dificultades, los tiempos son otros y Dilma tuvo a su lado el enorme poder de las redes sociales y los medios alternativos, que cada vez más vienen marcando el contrapunto necesario y saludable a los discursos hegemónicos, amplificados por la voz única de grupos concentrados de comunicación que hacen política utilizando el envoltorio de periodismo independiente.

FOTO: Dilma Rouseff, ganadora en Brasil.

foto: AFP / END.

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