Durante años, el algoritmo fue presentado como el gran aliado de la vida moderna: prometía personalización, eficiencia y una experiencia “a medida”. Sin embargo, el informe Generative Realities de Dentsu Creative muestra que ese relato empieza a resquebrajarse. El 55% de las personas afirma estar cansada de recibir siempre el mismo tipo de contenidos, y más de la mitad siente que los sistemas digitales limitan su capacidad de descubrir cosas nuevas.
La lógica algorítmica, diseñada para optimizar el engagement, terminó produciendo una cultura de la repetición. Playlists que suenan igual, feeds previsibles, narrativas que no sorprenden. Lo que nació como promesa de diversidad derivó, paradójicamente, en homogeneización cultural.
Frente a este escenario, el informe detecta una reacción clara: la búsqueda consciente de lo imperfecto, lo analógico y lo no optimizado. No como nostalgia vacía, sino como una forma de recuperar control y agencia. Un dato revelador: el 45% de la Generación Z declara interés en dispositivos “no inteligentes”, y crece el valor simbólico de objetos físicos, procesos manuales y experiencias que no pueden ser completamente automatizadas.
Vinilos, cámaras descartables, fanzines, cuadernos, ferias, encuentros presenciales. Estas prácticas no niegan la tecnología, pero sí cuestionan su omnipresencia. Funcionan como pequeños actos de fricción en un sistema diseñado para eliminarla. En este contexto, la imperfección deja de ser un error para convertirse en señal de autenticidad.
En mercados como el argentino, donde la creatividad históricamente se construyó desde la escasez, el ingenio y la adaptación constante, esta tensión resulta especialmente significativa. Aquí, lo imperfecto siempre fue parte del ADN creativo. Hoy, vuelve a cobrar valor como respuesta cultural frente a la saturación digital.
Para las marcas, el desafío es profundo: ya no alcanza con “funcionar bien” dentro del algoritmo. El informe muestra que las personas buscan experiencias que sorprendan, incomoden o rompan el patrón, incluso a costa de perder eficiencia. En un mundo obsesionado con la optimización, lo verdaderamente disruptivo empieza a ser aquello que no puede predecirse del todo.
El futuro de la creatividad, sugiere Generative Realities, no está en perfeccionar el sistema, sino en introducir humanidad dentro de él. Y la humanidad, por definición, es imperfecta.
FOTO: Agustín Alba y Gastón Canaves.
Incorporaciones - Argentina
Conferencias - El Ojo 2025
Columna - Latinoamérica