Una de las grandes apuestas que espero ver este año en el Super Bowl es una vuelta clara y consciente a la nostalgia publicitaria y a los códigos de la cultura pop del pasado. En un momento marcado por la saturación de mensajes y la fatiga frente a lo constantemente nuevo, las marcas pueden recurrir a ideas que ya demostraron su capacidad de conectar. Por ejemplo, el spot de Pepsi retomando el clásico oso polar de Coca-Cola—un guiño directo a una de las rivalidades más icónicas de la historia publicitaria—evidencia cómo las marcas están revisitando el archivo cultural para conectar con audiencias que reconocen esos códigos de inmediato. En esa misma línea, la aparición de Kevin Malone de The Office en la campaña de Ramp apela a otro tipo de nostalgia: la de los personajes que trascendieron su contexto original para convertirse en símbolos generacionales. Esta mirada hacia atrás no responde a la falta de ideas nuevas—al contrario—sino a la conciencia de que ciertos códigos siguen siendo poderosos porque forman parte de una experiencia compartida, y el Super Bowl continúa siendo el escenario ideal para reactivar ese capital cultural.
Al mismo tiempo, siento que el Super Bowl seguirá siendo un termómetro de la cultura pop actual y de cómo las marcas buscan dialogar con ella en tiempo real. Spots como el de Fanatics Sportsbook, que juega con el llamado “Kardashian curse” al incorporar a Kendall Jenner, reflejan una tendencia clara: tomar narrativas nacidas en internet, teorías virales y conversaciones digitales como materia prima creativa. A esto se suma una influencia cultural más amplia y profunda, representada en este caso por Bad Bunny, cuya presencia en el ecosistema del Super Bowl confirma cómo la música, la identidad y la cultura latina están redefiniendo quién es el público “mainstream”. Ya no se trata solo de apelar a la memoria colectiva, sino de interpretar el presente cultural, donde el humor es autoconsciente, las referencias circulan en tiempo real, y la relevancia se construye entendiendo qué conversaciones importan hoy. En conjunto, este cruce entre nostalgia y cultura pop actual confirma que el Super Bowl sigue siendo uno de los pocos escenarios donde la publicidad puede funcionar tanto como archivo cultural como comentario contemporáneo.
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