En la Maratón de Santiago 2026, una intervención de Decathlon y el club CIEN+ convirtió la carrera en una línea de tiempo viva, recuperando décadas en que las mujeres no podían competir en maratones.
Durante muchos años, correr una maratón no era una opción para las mujeres. No por falta de capacidad, sino por una exclusión estructural que las dejó fuera de las principales competencias del mundo. Mientras los hombres acumulaban kilómetros, récords e historia, ellas acumulaban ausencia.
Esa deuda, invisible pero profunda, fue el punto de partida de una de las acciones más simbólicas de la Maratón de Santiago 2026.
Para hacerlo, 100 mujeres tomaron la partida con dorsales poco habituales. No indicaban su número de competencia, sino un año específico. Cada uno representaba un año en que las mujeres no podían participar en maratones. Años completos, fuera del recorrido.
En conjunto, las corredoras conformaban una línea de tiempo en movimiento.
A medida que avanzaban por la ciudad, no solo acumulaban kilómetros. Iban completando, de forma simbólica, esos años perdidos para el running femenino. Cada paso funcionaba como un acto de restitución: poner en la calle el tiempo que históricamente se les negó.
Más que una celebración, la acción operó como recordatorio. Porque, si bien hoy el running se posiciona como un espacio más inclusivo, su historia todavía arrastra vacíos. Vacíos que no se llenan solos.
LatinSpots 187
Nombramientos - Chile
Campañas - Chile