Memoria - Argentina
Gol del Chino
(24/03/06). Hoy se cumplen 30 años del golpe militar que azotó a la Argentina marcando trágicamente a su gente y su cultura. Con tal motivo, Chavo D'Emilio, co director general creativo de McCann Erickson Argentina se sumó al pedido de reflexión realizado por LatinSpots y escribió una interesante columna sobre este tema.
Con motivo del 30º aniversario del Golpe Militar que dio origen a una dictadura nefasta en la Argentina, LatinSpots le pidió a varios referentes de la industrai creativa que reflexionaran sobre este tema.
Ya que creemos que los profesionales de la industria de las comunicaciones como líderes de opinión que son, y nosotros como medio, debemos hacer una reflexión sobre este trascendente tema, que marcó trágicamente a nuestro país y nuestra cultura.
A continuación, la columna escrita por Chavo D'Emilio, co director de McCann Erickson Argentina:
"Tengo 33 años. Eso significa que nací hincha de Boca en el año 1972, bajo la presidencia de Alejandro Lanusse. Mis primeras camisetas bosteras me fueron regaladas ya con Cámpora en el poder, y la conciencia acerca de mi existencia y mi identidad, tenían ya a Juan Domingo Perón en su última presidencia.
Mi primera visita a la cancha de Boca fue con Isabelita, y el debut del Loco Gatti en La Boca, con la Junta Militar en el Poder.
La primera Copa Libertadores del Club Atlético, lo tuvo a Videla en el gobierno. La vez que Boca estuvo más cerca del descenso, tenía a Rattin en el banco de suplentes y a Galtieri en la cima. Después vino Maradona, el Metro del 81, y miles de muertes más, que dejaron el camino lleno de sangre para que suceda el traspaso de la dictadura a la democracia y a la primera construcción de marca que aparece en mi recuerdo: RA.
Una vez, Boca jugó con los números pintados con marcador, al mismo tiempo que con la democracia se comía, se curaba y se educaba. Al toque nomás, la traición de Ruggeri y Gareca vistiendo la camiseta de River en la tapa del Gráfico más dolorosa de toda la historia. Después nos clausuran la Bombonera, y llega el austral, Sorrouille, y el juicio a la Junta. Vuelve el Toto Lorenzo, y con él, quiere volver Seineldín, y cagarnos las Pascuas. Pero la casa está en orden, dice Raúl, y justo, aparece el Flaco Menotti, a ilusionarnos y dejarnos, como siempre. Por ese entonces, ya estoy cerca de terminar el secundario, y golpea la puerta la hiperinflación, y el primer título en años: la Supercopa. La ganamos, se adelantan las elecciones, y la llegada de Carlos Saúl, me deja de cara a la juventud.
El Pato Pastoriza no puede hacer nada, y entramos en el 1 a 1, e importamos al Maestro Tabarez de Uruguay para que nos de una alegría. Una poderosa bomba en la Embajada de Israel, inaugura la década del primer mundo, y el regreso del Beto Márcico. Y como no podía ser de otra manera, ¡ganamos un Campeonato Nacional después de 11 años!
Ya se escuchaban palabras como Obediencia Debida, Rico, Patti, y Haberguer, un preparador físico devenido en técnico que pasa sin pena ni gloria por el Club. Pero la paternidad contra River se hace una realidad que no se puede negar. Y una vez más, sangre en las calles de Buenos Aires, y la Amia y la decencia que vuela por los aires, despedazándonos en mil partes.
Pero ¡vuelve el Diego! Con una franja amarilla en el pelo, y Carlos que va por su segundo gobierno. Lo logra, y el que va por el primero, es Mauricio Macri que asume como excelentísimo presidente de la República Bostera, y con él, los fracasos de Bilardo y el Bambino.
Ya trabajo en publicidad, Cannes entra entre las tres palabras más pronunciadas de mi vocabulario, después de Riquelme y Mamá, y esto es un descontrol primermundista. Agulla y Bacceti ya es una agencia, que hace comerciales brillantes. Y un señor que se llama Carlos Bianchi, viene a poner orden. El otro Carlos está en cualquiera, y muy probablemente se vaya. ¡Ganamos todo! Campeonato, Copa, y Campeones del mundo! Y gana también el que dicen que es aburrido. Se va todo a la mierda. El Y2K que toca las puertas de una agencia en la que trabajaba, y entre que tiran las torres gemelas, nace mi hija Valentina. Carlos va en cana, Bianchi se va a su casa, Macri sigue presidente, los cinco presidentes, la devaluación y cacerolazo para todo el mundo. Me voy a Chile, me dicen que Pinochet mató gente pero qué bien que estamos económicamente. Me voy corriendo del país trasandino, y conmigo, vuelve Bianchi. ¡Otra vez ganamos todo! Campeonato, Copa y Campeones del Mundo. Carlos se casa con Bolocco, Bianchi sigue con su esposa Margarita, pero como Macri sigue presidente, se va para no volver.
Nace mi hijo Vicente, Duhalde presenta a Kirchner, vivo en un country, no resisto hacer 100 kilómetros para ver a Boca todos los domingos, y vuelvo a mi barrio. Soy un banana bárbaro, gano premios en Cannes, nothing is impossible, Carlos, no Bianchi, quiere volver a ser presidente, y la era del pinguino, nos trae al presente. Bajan un cuadro de un militar en la Esma, las madres dejan de hacer la ronda, y yo, con 33 años, escribo esta columna.
Mierda, qué mierda la memoria. Puede que sean los años de terapia. Pero también puede ser que la vida de cada individuo está impregnada por los hechos que le tocaron vivir. Quiero decir, nadie es en sí mismo, los hechos de los otros. Pero sin dudas, están relacionados. Es imposible, por más al margen que hayamos estado de los sucesos trágicos nacionales, que de una u otra manera, todos estemos teñidos del dolor y la sangre que corrieron en estos años.
La publicidad, la maldad, la locura y las injusticias, nos persiguen y nos dan forma. Es nuestra identidad, por más que no lo reconozcamos en nuestro interior. Y hoy, años más, años menos, manejamos empresas, hacemos avisos, inventamos negocios, cerramos acuerdos y vivimos la globalización.
Por eso me causa gracia cuando se habla de olvidar, cuando se pone en la modernidad el pecado del perdón, y cuando muchos no se hacen cargo de su parte. De los que callaron cuando veían, de los que se taparon los oídos cuando escuchaban, y de los que, como en mi caso, me llevaban a la cancha a ver a Boca.
Todos somos parte. Yo también lo soy. Yo también miro hoy el mundo, callo, me tapo las orejas y me hago el boludo. Pero llegará algún día, en el que tal vez, mi hijo me pregunte: che papá, ¿qué pasó el 24 de marzo del 76?
Espero decir que como en toda Latinoamérica al Gobierno de los Estados Unidos se le ocurrió apoyar en el poder a una banda de asesinos desquiciados, que entre tantas aberraciones, terminaron matando a 30 mil tipos.
Espero tener los huevos suficientes como para no tener que responderle:
-Hijo, ese día, el Chino Benitez hizo un golazo de aquellos.