Greenpeace hace un llamamiento a resistir las presiones con el cortometraje de suspense “SLAPP Suit”, producido por Don't Panic y Partizan, con el que dramatiza la amenaza que suponen las abusivas demandas SLAPP (Strategic Lawsuit Against Public Participation). La organización asegura que multimillonarios y multinacionales recurren a este mecanismo contra activistas, periodistas y ONG para ahogarlos en costes judiciales y agotar su tiempo y recursos, con el objetivo de mermar su ánimo y esfuerzos.
“Quieren silenciarte. Hablar da miedo, pero el coste de quedarse callado es aún mayor”, dice Greenpeace en su perfil de LinkedIn. La ONG explica que Javier Bardem y Yasmin Finney se han unido a la campaña para destapar cómo los “acosadores corporativos” utilizan demandas SLAPP para enterrar la acción climática y silenciar la verdad, y subraya que “ahora es el momento de resistir”.
Susannah Compton, directora del programa de Resistencia Civil y Libertades de Greenpeace Internacional, advierte que la amenaza global que suponen las tácticas de intimidación de las empresas, como las demandas SLAPP, constituye una crisis existencial para la libertad de expresión y de protesta de quienes se atreven a alzar la voz contra los poderosos, independientemente de si Greenpeace comparte sus posiciones. “Si no defendemos nuestro derecho a resistir, entregamos el futuro a unos pocos oligarcas que ven el poder como una herramienta para construir un imperio, en lugar de una responsabilidad compartida”, afirma Compton en un comunicado.
Greenpeace concreta el mensaje señalando a la empresa estadounidense de oleoductos y gasoductos Energy Transfer, a la que atribuye casi una década de demandas abusivas contra sus oficinas en Estados Unidos y contra Greenpeace Internacional. La organización considera que esos litigios buscan, entre otros objetivos, silenciar las protestas del movimiento Standing Rock contra el oleoducto Dakota Access, frente a cuyo trazado por el lago Oahe miles de personas se han manifestado durante años por los riesgos de contaminación del agua. En la disputa legal mencionada figura una sentencia que obliga a la organización activista a pagar 345 millones de dólares.
La ONG también menciona a grandes petroleras como Shell, Total y Eni, que, según Greenpeace, han presentado demandas contra oficinas de la organización en los últimos años. “Los abusadores corporativos están instrumentalizando el sistema legal para silenciar la verdad. Utilizan demandas abusivas para silenciar a cualquiera que alce la voz por el bien común”, sostiene Greenpeace en Instagram. La organización subraya que no se puede proteger el planeta si se permite que empresas contaminantes conviertan los tribunales en un campo de juego para los abusadores corporativos y multimillonarios, cuyo objetivo es que denunciar sea tan costoso que la gente común tenga miedo de arriesgarse.
El cortometraje forma parte de una campaña más amplia, articulada bajo el lema “Time to resist” (Tiempo de resistir), que busca enfrentar el control que, según Greenpeace, multimillonarios y grandes corporaciones vienen ejerciendo sobre derechos y libertades sociales. La organización acusa a esos actores de utilizar sus fortunas para desmantelar regulaciones, influir en candidatos políticos afines, controlar el debate público mediante la compra de medios y silenciar la disidencia con tácticas de intimidación. Sin embargo, Greenpeace advierte que han subestimado “nuestro poder colectivo de resistencia”: incluso ante un auge del autoritarismo, cada vez más personas creen en el poder y la esperanza de la acción, y mientras ellos fomentan la división, “nosotros estamos construyendo un movimiento”, concluye la organización al animar a los usuarios a sumarse.
En su acción focalizada en figuras concretas, Greenpeace ha dirigido recientemente críticas contra Kelcy Warren, cofundador de Energy Transfer, a quien atribuye responsabilidad en la expansión del aeropuerto de Waterford, en Irlanda, cerca de su castillo privado. La organización sostiene que ese proyecto aceleraría los impactos del cambio climático en la zona y señala al ejecutivo como impulsor de dicha expansión.
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