El psicólogo Ariel Ghirelli explica que ir al cine genera una estimulación especial, elevando los niveles de dopamina, el neurotransmisor que nos da sensación de felicidad, plenitud y regocijo. “La psicología investigó los aspectos positivos que brindan las actividades recreativas en las personas. En dichos estudios, el cine se convirtió en la actividad de entretenimiento más masiva y con un alto poder de recordación. Los espectadores no solo tendrán memoria de haber visto determinada película sino en las circunstancias en la que la vieron”.
Esta preferencia se encuentra sobre ver televisión, ir de compras o hacer deporte. Además, es una experiencia que no pasa de moda y está instalada en la sociedad. Un 48,8% no se pierde los estrenos y el 39,6% va al cine, por lo menos, seis veces por año. “Cuando lo hace está formando parte de una experiencia social, en la cual no sólo comparte la sala con las personas con las que eligió, sino también con un montón de extraños. Todos estarán allí reunidos con un mismo fin: entretenerse y pasar un momento agradable”, explica Laura Najlis, Directora de Marketing y Comercial de Cinemark-Hoyts.
Ir al cine es una actividad recreativa que nos conecta con otros. La mayoría va con su familia o sus hijos. Solos o acompañados, ir al cine nos ayuda a ganarle a nuestro estado de confort. Incluso, la psicología desarrolló una rama del estudio que es la llamada Filmoterapia, que estudia los estados inconscientes de reflexión.
El cine nos conecta con las emociones y nos desconecta de la vida cotidiana y de nuestros teléfonos, dejando lejos las preocupaciones, el estrés, el movernos en forma automática y mecánica, para relajarnos y dejarnos llevar por una apasionante historias.