Se trata de un proyecto sin precedentes en el país que combina la mirada de tres sectores: una institución educativa, una organización de la sociedad civil y una empresa socialmente responsable. A tal fin, se busca definir acciones de prevención y difundir los resultados a toda la comunidad y entidades que se dedican a la seguridad vial.
El estudio explora sobre los intereses y preocupaciones de los jóvenes hoy, sus hábitos y costumbres de salida (descripción de la llamada “previa”), percepciones de tránsito y recordación y actitud hacia campañas de seguridad vial, entre otros.
Según los datos relevados por el estudio, sus principales intereses son: divertirse, salir con amigos, ir recitales, los deportes, la música. Mientras que entre sus principales preocupaciones se encuentran: la inseguridad, las drogas y el alcohol.
Salen todos los viernes y sábado a la noche y se organizan a través de Facebook o whatsapp. Y siempre hacen “la previa”, que se trata en general de un encuentro de entre 5 a 10 amigos/as en la casa de alguno de ellos, duran dos o tres horas y donde se consumen bebidas alcohólicas, como requisito indispensable que le da esencia a la misma. “Si vos haces la previa y querés que venga gente tiene que haber alcohol, sino no va nadie”. También conversan de sus vidas y hacen juegos en los que interviene el alcohol como premio o castigo. Reconocen tomar bastante y variado, especialmente tragos compuestos por bebidas destiladas mezcladas con jugos (Vodka, Fernet, Tequila, Aperitivos, Ron, etc.). “Yo tomo hasta que mi cuerpo me diga…”.
Valoran el estar con amigos escuchando buena música y tomando alcohol. Lo definen como un ambiente ideal. Lo negativo expresado por ellos sucede cuando toman de más, en algunos casos se ponen agresivos, pelean y destrozan las casas, también les arruina los planes posteriores. Si todo va bien, luego van a fiestas o boliches. “Tomar alcohol hasta morir para no pagar en el boliche” Eventualmente mencionan consumo de drogas como marihuana, éxtasis, pastillas.
“Si no tomé nada de repente en el boliche todo el mundo te pasa por arriba, te pisan, te empujan…la gente está borracha y te llevan por delante. Y como que quizás si uno no tomó nada, es difícil ir al boliche y pasarla bien con todas esas cosas que a mí me molestan”.
Lo que saben sobre las normas de tránsito, en muy pocos casos, lo han aprendido en algún ámbito de educación formal, de manera ocasional. En cuanto a si respetan las reglas de tránsito, en general a la hora de circular por las calles reconocen tener anomalías por costumbre, porque siempre así lo hicieron y por estar apurados. Los principales motivos a los que atribuyen los siniestros de tránsito se centran en el incumplimiento de las leyes, el apuro, el egoísmo / individualismo, nerviosismo.
“Todos lo hacen”, no hay sanción social. “Típico de argentino, cada uno hace lo que quiere”. ”Si nadie respeta porque voy a respetar yo”. No piensan en la posibilidad de sufrir algún siniestro vial, a pesar de percibir la noche como de alta peligrosidad debido al consumo de alcohol de algunos conductores.
Se recuerdan algunas pocas campañas publicitarias de seguridad vial y en general tienen una actitud negativa hacia las mismas ya que consideran que no concientizan, que están mal realizadas. “Ya estamos re acostumbrados a ver tanta violencia, tanta muerte, nada te impacta. Es como que mira uhh lo atropellan pero nada”. Creen que serían más efectivas si se usa un tono serio, reflexivo y que aluda a situaciones reales. Las más “fuertes” impactan pero no son suficientes como para que repiensen sus conductas de riesgo.
“Para que la gente piense, es mejor antes que hablar y decir un montón de cosas, hacer una pregunta retórica para que lo piensen por sí mismo. Eso le va a quedar más que si vos le hablás, yo creo. Que no baje línea, que pienses”.
Uno de los principales emergentes detectados es la naturalización y aceptación del consumo de alcohol en hombres y mujeres de esta edad, no habiéndose detectado una clara percepción del riesgo asociado al consumo y la seguridad vial. Las previas son el ámbito ideal para charlas con amigos y jugar. Funcionan como un espacio de transición en el que intentan empezar a ser adultos.
Dentro de este ritual también se juega con los límites. En base a sus dichos denotan conciencia de peligrosidad en algunas de sus conductas, sobre todo en el consumo excesivo de alcohol. Saben que cuentan con la complicidad de los adultos, que por ahora, parecieran preferir mirar para otro lado, pero a su vez esperan y piden que tanto las familias, como la escuela y los medios, se transformen en un ámbito en el que se hable del tema; y cuando dicen hablar, claramente no se refieren sólo a una escucha pasiva, unidireccional, dicen dialogar, esperan escuchar y ser escuchados.
Se trata entonces de generar espacios de diálogo, donde ellos tengan voz y se sientan escuchados, que los involucre, y a partir de charlas e información, ellos mismos puedan llegar a una conclusión que los invite a modificar sus conductas. Uno de los jóvenes encuestados concluye diciendo:
“Creo que tampoco estamos tan informados como para… si a vos te están repitiendo todo el día tené cuidado cuando salís, esto y lo otro, uno al momento de hacerlo dice…¡no, para!. Pero si nunca hablas de esto… Entre tus amigos no vas a hablar de eso, en la escuela no te hablan de eso, los medios de comunicación no te hablan de eso, no lo tenés incorporado”.
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