Faltan días para la gran noche: el 15 de marzo los Oscars prometen ser mucho más que una entrega de estatuillas. Entre nervios, glamour y discursos, se siente en el ambiente una expectativa cargada: ¿qué dirán las voces del cine —más allá de quién se lleve la estatuilla— sobre los grandes temas que atraviesan al mundo y, en particular, a Estados Unidos?
En esta edición todas las miradas de la región estarán puestas en La película brasileña “O Agente Secreto”, dirigida por Kleber Mendonça Filho y protagonizada por Wagner Moura, nominada a cuatro categorías en los Premios Oscar 2026: Mejor Película, Mejor Actor, Mejor Película Internacional y Logro en Casting, igualando el récord histórico de Brasil junto a “Ciudad de Deus”. Esta historia ambientada en la dictadura militar de los años 70, que sigue a un padre viudo convertido en objetivo del régimen, ha superado el millón de espectadores en Brasil y potencia el auge del cine nacional. Además de estas nominaciones, la cinta ya acumula 54 trofeos en 35 festivales previos a los Oscar, incluyendo premios a Mejor Director y Mejor Actor en Cannes, Globos de Oro 2026 a la Mejor Película de Lengua No Inglesa y Mejor Actor en Película de Drama, galardón concedido a Wagner Moura y recientemente ganó como Mejor Película Internacional en los Spirit Awards.
La expectativa no es solo por los premios. El mundo observa si las estrellas usarán el micrófono para abordar las heridas abiertas de la geopolítica actual. Se espera que los discursos no ignoren temas que han marcado la agenda este 2026: el ataque de EEUU e Israel a Irán en medio de las negociaciones diplomáticas y el asesinato de sus principales dirigentes, la condena al genocidio en Gaza (que desató muchas polémicas en el reciente festival de Berlín), la presión para que la Academia se pronuncie es total. También se mirará con interés la tensión en América Latina por el ataque militar a un país de Sudamérica y el secuestro de su presidente y las amenazas a diferentes países de la región y el mundo que ha puesto a la industria en una posición de alerta y denuncia como recientemente se ha visto en Los Goya en España. Por último, la reapertura mediática de los archivos Epstein (entregada a cuenta gotas por el Departamento de Justicia norteamericano) y donde las denuncias de tráfico de personas, violaciones y hasta canibalismo salpican y manchan a milmillonarios, empresarios, políticos y personalidades de la industria que junto a las políticas de control migratorio del gobierno Trump a través del ICE están separando familias, deteniendo menores e incluso con ersonas asesinadas y generando una ola de miedo y persecución , presentan un clima interno de una división profunda que suele estallar y expresarse en la noche de gala.
Se espera que actores y realizadores aprovechen el micrófono para hablar de estos asuntos que va más allá del cine. No es improbable escuchar pedidos de memoria, justicia y responsabilidad, o llamados a proteger la libertad de prensa y las investigaciones independientes.
Los Oscar no llegan en el vacío, ya que las ceremonias previas de este 2026 han dejado la vara muy alta en cuanto a compromiso social y político. En los Premios Goya, figuras como Susan Sarandon y Dolores Fonzi marcaron la pauta con discursos feroces contra el avance de la ultraderecha y el desmantelamiento de los derechos humanos, mientras que la Berlinale se transformó en un auténtico megáfono donde el director de “The Voice of Hind Rajab” criticó con dureza el silencio de las potencias europeas ante la tragedia humanitaria. Por su parte, en los Premios César, la industria francesa apeló a su histórica defensa de la excepción cultural para advertir sobre los peligros de la censura y la manipulación de la verdad en la era de la IA, dejando flotando en el aire la premisa de que el cine es el último bastión frente al caos; ahora, solo queda ver si Hollywood se unirá a este grito global o si preferirá refugiarse en el silencio detrás del maquillaje.
En esas mesas y alfombras rojas, varias figuras —directores, guionistas, productoras— manifestaron preocupación por la erosión de instituciones democráticas, la impunidad frente a redes de poder y el impacto de las políticas exteriores en vidas cotidianas. Esas mismas preocupaciones probablemente vuelvan a resonar en Los Ángeles, donde además el gobernador de California es un ferreo crítico de las políticas que está implementando el presidente del pelo naranja.
En los discursos, podríamos escuchar llamados a que la industria aproveche su visibilidad para exigir investigaciones transparentes; testimonios conmovedores de artistas latinoamericanos sobre la violencia política, el exilio y la censura; reivindicaciones firmes por la libertad de investigación periodística y la protección de fuentes; mensajes de solidaridad transnacional ante crisis humanitarias, actos de violencia y genocidio; y demandas por políticas migratorias más humanas, junto con críticas al uso de fuerzas de seguridad y las detenciones administrativas.
Los Oscars 2026 llegan en un momento en que la industria funciona no sólo como circuito de premiaciones, sino como altavoz global. La expectativa no es sólo por quién subirá al escenario, sino por cómo las figuras del cine aprovechen la plataforma para poner en agenda temas que van desde las revelaciones sobre redes de poder hasta confrontaciones internacionales y sus efectos en sociedades vulnerables.
A todo esto, es importante poner en contexto la situación en que se desarrollaran los Oscars 2026 ya que EE.UU. se encuentra en la encrucijada entre el Escándalo de los Archivos Epstein y la Ofensiva Militar en Irán. La administración del presidente Donald Trump enfrenta semanas de máxima tensión, marcada por una agresiva política exterior en Oriente Medio y el resurgimiento de fantasmas judiciales del pasado. Mientras las fuerzas estadounidenses operan en Medio Oriente – utilizando recursos pagados por los ciudadanos norteamericanos-, el Departamento de Justicia (DOJ) ha vuelto a poner bajo los reflectores la relación del mandatario con el fallecido Jeffrey Epstein.
Apenas hace unos días, el Departamento de Justicia publicó nuevos documentos bajo la Ley de Transparencia de los Archivos Epstein. Estos registros contienen acusaciones no corroboradas sobre presuntos abusos sexuales cometidos por Trump hace décadas. Aunque la Casa Blanca ha desestimado los archivos como "ataques políticos reciclados", la presión del Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes persiste.
En el ámbito regional, el panorama político de América Latina cambió drásticamente tras el secuestro de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero de 2026. Maduro, extraído de Caracas en la "Operación Determinación Absoluta", y en el que han sido asesinados cientos de latinoamericanos, se encuentra actualmente en una prisión federal en Nueva York. Maduro y su esposa, Cilia Flores, se han declarado "no culpables" de cargos por narcotráfico y tráfico de armas. La audiencia clave está programada para después de los Oscars, para el 17 de marzo, mientras en Venezuela, un gobierno encargado liderado por Delcy Rodríguez intenta navegar el vacío de poder y las fuertes sanciones económicas remanentes.
También las fronteras y los inmigrantes del país están en conflicto desde que el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) ha intensificado sus operativos. Los reportes de 2026 indican un despliegue masivo de agentes en ciudades como Minneapolis, donde se han denunciado controles de identidad aleatorios en espacios públicos y asesinatos de ciudadanos. Las organizaciones de derechos humanos han alertado sobre la existencia de centros de detención saturados, como el controvertido Camp East Montana, mientras el flujo migratorio neto se ha vuelto negativo por primera vez en décadas debido a las políticas de deportación acelerada.
Finalmente, el frente más peligroso se sitúa en Oriente Medio. Desde finales de febrero, EE. UU. e Israel iniciaron una serie de ataques contra infraestructuras y bases de misiles en Irán. La tensión alcanzó su punto máximo tras un bombardeo estadounidense que alcanzó una escuela primaria en Minab, causando la muerte de al menos 175 niñas y otras doscientas personas. Trump ha negado la responsabilidad de EE. UU., sugiriendo que se trató de un error de los sistemas de defensa iraníes.
El 15 de marzo habrá alfombra, nervios y festejos, pero también miradas atentas: la audiencia global esperará a ver si el cine —y quienes lo encarnan— se limitan a la celebración o transforman ese instante en un reclamo público por verdad, justicia, responsabilidad y respeto de las leyes internacionales construido por décadas en un mundo marcado por crisis y preguntas sin responder.
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