El momento más movilizante de la noche llegó de la mano de Javier Bardem. Al subir al escenario para presentar la categoría de Mejor Película Internacional, el actor español ignoró el teleprompter para lanzar un mensaje que ya es viral. Luciendo símbolos de solidaridad en su solapa, lanzó una proclama directa por el cese de las hostilidades en Medio Oriente. Su declaración, "No a la guerra, Palestina libre", electrizó al auditorio y generó una ovación que subrayó la fractura entre el protocolo institucional de la Academia y el sentir de una parte significativa de la comunidad artística. Con el lema "No a la guerra" —un guiño directo a su famosa protesta de 2003—, Bardem denunció la situación en Palestina y criticó con dureza la escalada bélica actual. En los pasillos del teatro, el actor fue aún más incisivo al señalar la responsabilidad de la administración de Donald Trump en la inestabilidad global, calificando su retórica de "peligrosa para la paz mundial". Fue un discurso breve, pero su eco en las redes sociales ha eclipsado incluso a algunos de los premios principales.
La categoría presentada por Bardem, Mejor Película Extranjera, tenía a la brasileña “O Agente Secreto” como favorita pero el premio fue para la noruega “Valor Sentimental”. Sin embargo, la región no quedó con las manos vacías ya que la productora argentina Violeta Kreimer se alzó con la estatuilla al Mejor Cortometraje de Ficción por “Deux personnes échangeant de la salive (Dos personas intercambiando saliva)”, una obra francesa que destaca por su mirada contra la represión en una historia queer. El triunfo llegó en un empate con el corto The Singers, dirigido por Kaveh Daneshmand.
Kreimer, nacida en Vicente López (Buenos Aires) y radicada en París, marca un hito para el cine argentino en Hollywood. Históricamente, Argentina ya había ganado dos Oscars en la categoría de Mejor Película Internacional: La historia oficial (1986) y El secreto de sus ojos (2010). El cortometraje, adquirido por The New Yorker, está disponible de forma gratuita en su plataforma para que el público lo disfrute.
En su segundo año como presentador, Conan O’Brien lanzó ciertos guiños políticos, pero no demasiados. Entre el humor y la crítica, se presentó como “el último anfitrión humano. El año siguiente será un coche sin conductor”. Habló de que la seguridad era “extremadamente fuerte este año”, sin citar la guerra, y habló de “la comunidad del ballet”, con un primer plano de Timothée Chalamet, en referencia a la polémica entrevista en la que el actor afirmó que esta disciplina ya no interesa a nadie. “La gala puede ponerse política”, advirtió. “Si no les gusta, hay un evento alternativo con Kid Rock”, afirmó, en referencia a la Super Bowl, cuando los republicanos organizaron una fiesta alternativa en el medio tiempo de Bad Bunny.
O’Brien siguió con gags en la gala, algunos cargados de intención. Por ejemplo, afirmó: “Por primera vez desde 2011, no hay ningún actor británico nominado”. Y añadió: “Pero al menos allí detienen a sus pederastas”, en referencia al expríncipe Andrés de Inglaterra y a Jeffrey Epstein. También se animó a criticar al presidente ejecutivo de Netflix, Ted Sarandos, comentando que era “su primera vez en una sala de cine”.
Pero quien se metió con todo, sin callarse nada fue su antecesor, Jimmy Kimmel, al presentar el premio al mejor corto documental. Epicentro de la conversación este año después de que su programa fuera suspendido por la administración Trump en septiembre durante una semana, dijo: “En eventos como este se habla mucho del valor, pero contar historias por las que pueden matarte es lo que de verdad tiene valor. Como sabéis, hay algunos países cuyos líderes no apoyan la libertad de expresión... digamos que Corea del Norte y la CBS”. También comentó que el presidente Trump (sin decir su nombre) estaría “enfadado porque su mujer no estaba nominada”, en referencia al documental Melania, estrenado en enero.
Paul Thomas Anderson, subió en tres ocasiones al escenario, como mejor director, guionista y por su película, “Una batalla tras otra”. “Serán la generación que nos traerá sentido común y decencia”, decía Paul Thomas Anderson sobre la de sus hijos, tras recoger el premio a mejor guion adaptado. En el de mejor director, donde partía como favorito, se lo agradeció a la Academia y sus colegas de nominación. “Estoy aquí porque la gente me ha dado su fe y su tiempo, y eso es lo mejor de hacer películas, estar unos con otros”.
Finalmente, la gala consolidó hitos históricos en materia de representación. La consagración de figuras como Autumn Durald Arkapaw y Maggie Kang no fue presentada simplemente como un logro individual, sino como una victoria política contra los techos de cristal que históricamente han limitado a las mujeres y a las minorías étnicas en los roles de toma de decisiones técnicas. En definitiva, los Oscars 2026 – a pesar de no alzar tan alto su voz como en otros festivales de la industria- confirmó que el cine contemporáneo ha renunciado a ser un mero refugio de evasión para posicionarse como un espejo crítico y, a menudo, incómodo de la realidad mundial.
Foto: Priyanka Chopra y Javier Bardem.
Foto by Getty Images
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