Estamos aprendiendo a hacer publicidad al mismo tiempo que la estamos haciendo, inclusive muchas veces aprendemos con la campaña ya hecha. Estamos incorporando nuevas tecnologías, improvisamos sobre cual es la mejor manera de utilizarlas y al mismo tiempo todos hablamos como si fuéramos grandes expertos.
El mundo ya no es el mismo que el que era unos minutos atrás. Paul Kemp-Robertson, uno de los fundadores de Contagious, dijo una frase que resume bastante bien el momento en el que vivimos: “el mundo nunca más será tan lento como hoy”. El mundo cambia al compás de un ritmo de crecimiento exponencial.
Todo es muy rápido.
Un éxito hoy es un hit que antecede a otro hit y a otro y a otro. Todos los días se suben a YouTube más de 300 horas de contenido por minuto. Eso significa casi 12 días enteros de grabaciones por minuto.
Nosotros, responsables por las marcas, tenemos que aprender a leer esta velocidad como una ventaja. Una ventaja enorme. Esta velocidad tiene que hacernos perder el miedo a equivocarnos. Porque equivocarse forma parte del aprendizaje. Si te equivocas, monitoreas, medís, corregís y estás de nuevo en el camino. Esta posibilidad de acción nos ayuda, nos permite ser mejores y más eficientes.
Esto no significa que actuar sin pensar está OK. Todo lo contrario. Si hoy no medís las consecuencias, rápidamente podes provocar un efecto no deseado para tu marca que le cueste más de lo que te imaginas. La bola de nieve también puede crecer rápido.
Lo que no podemos permitirnos es invertir más tiempo en calcular las posibilidades que en llevarlas a cabo. A partir de ese momento la ventaja de la velocidad se transforma en desventaja y te pasa por encima como un camión, y cuando decidís llevar la idea a cabo, otro ya la hizo, la midió, corrigió y seguro le este yendo bárbaro.
Muchas dudas aletargan procesos al infinito. A veces es preferible tirar todo y empezar de cero antes que las dudas interfieran el avance.
La buena noticia es que todos estamos aprendiendo juntos. Y todos nos solo significa agencias. También lo estamos haciendo junto a los clientes y a los consumidores.
Si aprovechamos este momento de aprendizaje para dejar de querer demostrar que tenemos la respuesta de todo y nos sentamos en una mesa a discutir más allá de lo que las marcas necesitan, creo que empezamos a construir un nuevo negocio.
Discutir el impacto de nuestro trabajo y pensar qué es lo que de verdad le podemos dar a las personas, al mundo, creo, es de alguna forma, estar debatiendo el futuro de una sociedad de consumo, no solo inteligente sino también mucho más interesante.
Por supuesto que siempre se nos va a evaluar por alcanzar o no las metas del próximo año, pero me parece que el desafío no solo está en llegar a un resultado. El verdadero desafío está en ponerse metas que sean lo más interesantes posibles antes de que todo vuelva a cambiar.