El Asunciónico, que congregó a artistas internacionales y regionales en géneros como rock, pop, electrónica, urbano e indie, puso en tela de juicio la idea de que una experiencia solo existe si se registra. Estudios confirmaron que el cerebro retiene mejor lo vivido que lo filmado. Para materializarlo, se instalaron dos terrazas exclusivas en la cima de las torres de control del predio, con vistas privilegiadas a los escenarios. Estos espacios únicos fomentaron lo inusual en eventos masivos: disfrutar la música sin intermediarios digitales.
“Nuestra dependencia tecnológica es un debate global que se hizo evidente en los conciertos, donde miles vivieron el show a través de una pantalla. Invitamos a la gente a desconectarse por un rato y reconectarse con algo irrepetible como el Asunciónico: estar presentes, sentir el momento y crear recuerdos que quedaran en la memoria, no solo en un dispositivo”, explicó Marcelo Márquez, del equipo creativo de Oniria\TBWA.
Más de treinta afortunados accedieron tras participar en una dinámica en redes sociales. Al ingresar, entregaron sus teléfonos en lockers seguros, sellando un gesto simbólico contra el registro constante. La iniciativa generó gran repercusión en el festival, recordando que, a veces, lo mejor se guarda en la mente.
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