La Argentina atravesó días de profunda conmoción tras la partida de Carlos Alberto "INDIO" Solari, hallado sin vida el viernes en las cercanías de su piscina en Parque Leloir, Ituzaingó. Los informes preliminares de autopsia confirmaron que el deceso del exlíder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota se produjo a causa de un accidente cerebrovascular.
Horas después de conocerse la noticia, una convocatoria masiva tomó Plaza de Mayo, que se convirtió en el epicentro de una misa ricotera entre calles cerradas y bengalas de humo negro. Alejados del llanto, la multitud frente a la Casa Rosada entonó a viva voz los principales éxitos que catapultaron a Solari a la masiva popularidad, y transformó el dolor de la pérdida en una manifestación de vigencia cultural. Las concentraciones se replicaron en La Plata, Rosario, Mar del Plata, Olavarría y otras ciudades del país, donde miles de seguidores recordaron al músico con banderas, canciones y misas ricoteras espontáneas. Paraná, ciudad natal de Solari, lo despidió con una vigilia frente al antiguo domicilio de su infancia y en Plaza 1° de Mayo.
El sábado, Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado sostuvieron un concierto cargado de simbolismo en Comodoro Rivadavia y transformaron cada canción en una despedida colectiva, transmitido en vivo y de forma gratuita por YouTube, donde más de 180.000 personas siguieron el homenaje desde distintos puntos del país y del exterior.
Antes de que Avellaneda se convirtiera en el corazón de la despedida, hubo una negativa que habló por sí sola. El pedido impulsado por legisladores para que el velatorio se realizara en el Congreso Nacional fue rechazado por el titular de la Cámara de Diputados, Martín Menem, quien argumentó razones de seguridad. El Estado Nacional descartó la posibilidad. La Casa de Gobierno tampoco abrió sus puertas.
Fue el gobernador bonaerense Axel Kicillof quien ofreció la provincia, y el intendente de Avellaneda, Jorge Ferraresi, quien puso a disposición el Polideportivo José María Gatica de Villa Domínico. Un predio que ya carga con su propia historia popular: lleva el nombre de José María "El Mono" Gatica (1925–1963), el boxeador nacido en San Luis que pasó de lustrabotas en Buenos Aires a máximo ídolo del pugilismo argentino de los años '40 y '50. De fuerte vínculo con el peronismo, símbolo de los márgenes que llegan a la cima, Gatica fue inmortalizado en el cine por Leonardo Favio en "Sinfonía de un sentimiento". Que la despedida del INDIO se hiciera en ese lugar no fue un detalle menor.
El velatorio público comenzó en el Polideportivo Gatica en medio de una convocatoria que superó todas las expectativas. Desde las primeras horas, miles de fanáticos formaron una fila de al menos 15 cuadras. La ceremonia debió adelantarse una hora por la presión de la multitud que había hecho vigilia desde la noche anterior.
Familias enteras, grupos de amigos, jóvenes que crecieron escuchando sus canciones y veteranos de las históricas misas ricoteras se acercaron para agradecerle al músico que marcó a varias generaciones. Afuera del predio, banderas con el rostro del INDIO, puestos improvisados con remeras conmemorativas y miles de personas cantando clásicos de Los Redondos mientras aguardaban su turno.
El entorno del músico había pedido que la despedida transcurriera en un clima de respeto. "Su cuerpo estará allí", señalaron en el comunicado, aclarando que no sería una jornada para "sacar afuera la rabia" ni "caer en provocaciones", sino para honrarlo y fortalecer los lazos entre "redondos, fundamentalistas y marsupiales", tal como el propio INDIO Solari les pidió siempre a sus seguidores.
El gobernador Kicillof, presente en el lugar, definió la jornada como "una despedida popular y masiva, una peregrinación para despedir al INDIO".
La procesión duró 18 horas. Las filas llegaron a superar los ocho kilómetros y, según estimaciones difundidas durante la jornada, cientos de miles de personas pasaron por el predio. Por los altoparlantes se escuchó: "Ya pasaron un millón de personas a despedirse. Vamos a ser tres. Va a entrar hasta el último". Las puertas cerraron alrededor de las 6 del lunes.
El fotógrafo que el INDIO no olvidó
Entre la multitud y el féretro, con una cámara en las manos y en el Día del Periodista, estaba Pablo Grillo.
El fotoperiodista había sido herido por la Gendarmería durante el operativo represivo ordenado por Patricia Bullrich, ministra de Seguridad del gobierno de Javier Milei, frente al Congreso en la marcha de jubilados del 12 de marzo de 2025 contra los ajustes de Milei. Grillo, fotógrafo independiente de 35 años del partido de Lanús, fue alcanzado en la cabeza por un cartucho de gas lacrimógeno de la Policía Federal y tuvo que ser trasladado de urgencia al Hospital Ramos Mejía. Su caso conmocionó al país: la herida le provocó pérdida de masa encefálica y lo mantuvo internado durante meses, sometido a varias cirugías.
Poco tiempo después del hecho, el INDIO Solari le envió un mensaje por WhatsApp para expresarle su solidaridad: "Te tocó ser el símbolo de la represión y la barbarie que se vive en la Argentina".
Durante su internación, que finalizó en marzo de este año, ese lazo afectivo quedó sellado. Por ese motivo, los allegados del músico le permitieron trabajar delante de las vallas, sentado en un banco, con su cámara cerca del féretro del artista.
Sus imágenes documentaron tanto el dolor de los seguidores como la dimensión histórica del momento, en una jornada que combinó silencio, canciones y banderas que recordaban los años de plenitud de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.
La presencia de Grillo no fue solo periodística. Fue la imagen de un círculo que se cierra con una coherencia que pocas veces la realidad se permite: el hombre que el Estado intentó silenciar disparándole en la cabeza mientras defendía a los jubilados fue elegido por la familia del INDIO para registrar su último adiós. Pensamiento y acción. Palabra y consecuencia.
La última misa ricotera no tuvo escenario ni fecha ni entradas. Tuvo kilómetros de fila, lluvia, frío y la certeza de que había que estar.