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Ya no basta con "saludar" a la IA, el desafío es aprender a trabajar con ella

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(01/05/26). Este 1° de mayo de 2026, Débora Wolosky, especialista en RRHH y Directora de TIKRRHH, plantea que ya no basta con "saludar" a la IA, sino que el verdadero desafío es aprender a trabajar con ella. Tras años de convivencia tecnológica, el foco de esta columna se desplaza de la novedad hacia cómo las personas construyen sentido, criterio y aprendizaje colectivo en sus entornos laborales.

Hace un tiempo —no tanto— nos hacíamos una pregunta que tenía algo de provocación y algo de ironía: ¿tenía sentido decirle “feliz día” a ChatGPT? En ese momento, la inteligencia artificial empezaba a hacerse visible en nuestras rutinas de trabajo. Pero la realidad es que no llegó de un día para el otro.

Hace años que convivimos con algoritmos, automatizaciones y sistemas que toman decisiones con nosotros. Lo que cambió no es la existencia de la tecnología, lo que cambió es su *nivel de protagonismo*.

Hoy ya no hablamos de una herramienta puntual, hablamos de un ecosistema. A ChatGPT se sumaron Google Gemini, Claude y múltiples soluciones que atraviesan el trabajo cotidiano; entonces la pregunta dejó de ser si usamos inteligencia artificial, sino cómo la integramos con criterio en lo que hacemos?.

Con cierta ironía, muchas organizaciones hoy están más enfocadas en el *onboarding de estos nuevos “miembros del equipo”* que en otra cosa: definir para qué se usan, cómo se usan y bajo qué criterios.

En este escenario, hay algo que no pierde vigencia y es el modelo centauro: la combinación entre inteligencia humana e inteligencia artificial no es una moda.Es una forma de trabajo que se vuelve cada vez más necesaria, pero con una definición clave que es que la tecnología potencia, pero el eje sigue siendo humano.

En este ecosistema hay cosas que no cambian: la construcción de confianza, la lectura del contexto, la toma de decisiones en escenarios ambiguos y la capacidad de generar sentido. Eso no se automatiza.

El Foro Económico Mundial viene señalando cuáles son las capacidades clave en este nuevo escenario y el dato es contundente: cuanto más avanza la tecnología, más centrales se vuelven las habilidades humanas, entre ellas el pensamiento crítico, la creatividad, el aprendizaje activo, la inteligencia emocional y el liderazgo e influencia. No son habilidades “blandas”, sino que son las que sostienen el trabajo cuando todo lo demás cambia.

A medida que la IA gana lugar, aparece un desafío que ya no es técnico, sino organizacional.

Cómo se gobierna su uso y aquí surgen preguntas concretas:

¿Quién valida lo que produce la IA?

¿Qué decisiones delegamos y cuáles no?

¿Cómo trabajamos sobre sesgos o errores?

¿Qué responsabilidad tiene cada rol?

Porque no alcanza con adoptarla, hace falta desarrollar criterio para usarla. 

La automatización nos dio algo valioso, que es el tiempo, pero ese tiempo abre una tensión nueva, si lo usamos para producir más sin pensar distinto, no estamos transformando el trabajo, estamos acelerándolo.

El verdadero cambio aparece cuando ese tiempo se invierte en pensar mejor, conversar mejor y construir mejor con otros.

En este contexto, hay algo que empieza a tomar fuerza otra vez y es la necesidad de crear espacios colectivos de aprendizaje. Tal vez sea momento de recuperar una lógica que nunca perdió valor, los ateneos de aprendizaje.

Estos espacios deben favorecer que se piense en conjunto, se pongan en común experiencias, se construyan criterios compartidos y se aprenda desde la práctica y no solo desde la teoría. Porque en un mundo donde la información está disponible,el diferencial no es saber más, es pensar mejor con otros.

Entonces, ¿a quién le decimos feliz día? Después de años conviviendo con la inteligencia artificial, quizá la respuesta sea más clara que nunca. El Día del Trabajador sigue siendo —y necesita ser— un día para las personas, para quienes construimos con otros, pensamos en conjunto y  generamos sentido en lo que hacemos.

Quizá ese sea el mayor aprendizaje —y también el mayor desafío— de este momento: seguir parados en la construcción colectiva, en el hacer con otros y en el pensar juntos.

La tecnología ya es parte del equipo, pero el trabajo, en esencia, sigue siendo profundamente humano.

FOTO: Débora Wolosky, especialista en RRHH y Directora de TIKRRHH.

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