Vellas: Con los pies en el piso

Vellas (Felipe Vellasco), realizador

<p>Vellas (Felipe Vellasco), realizador</p>

Fueron casi cinco años ininterrumpidos de glorias. El batacazo en El Ojo 2013 con en trabajo Alma, de F/Nazca Saatchi & Saatchi para Leica, producido por Sentimental Filmes, ganador del Gran Ojo Producción Audiovisual y de otros premios internacionales, fue el impulso para la consolidación del reconocimiento internacional al talento del realizador brasileño Vellas (Felipe Vellasco).

Un año después, también en Sentimental, el trabajo de Vellas volvió a ganar protagonismo internacional con Vem Pra Rua, de Leo Burnett Tailor Made, para Fiat. El lanzamiento del comercial coincidió con la explosión de las manifestaciones en las calles de Brasil, previo al Mundial de Fútbol 2014, y tuvo un rol protagónico como catalizador del sentimiento de insatisfacción de la gente con la realidad del país en el aquel momento, volviéndolo histórico. La evolución del éxito lo llevó a liderar la apertura de su propia productora, Saigon, a fines de 2014, junto a los socios João Dornelas, Pedro Pereira (Realizadores) y Marcelo Altschuler (Productor Ejecutivo).


En 2016, el Fundador de Saigon logró la hazaña inédita para un director brasileño en casi dos décadas de El Ojo. Salir consagrado como Mejor Realizador de la región, gracias al trabajo que reprodujo una batalla épica. Watermopilasgrado, de Africa, para Mitsubishi Motors arrasó en 2016 y Vellas pudo festejar su mayor consagración regional. El año pasado, Vellas y su Saigon se quedaron con el reconocimiento como Mejor Productora y Mejor Director de Brasil. Ahora Vellas se prepara para nuevos vuelos, entre ellos el de la realización de su primer cortometraje, un vuelo que aterrizará en  Cuba, caracterizada en el año 2030. A continuación Vellas habla sobre su proceso creativo, la realidad de la productora y su visión sobre la industria.


-¿Cómo fueron los últimos meses para Saigon?
-Desde el principio, el modelo de empresa que nos gustó y queríamos para Saigon era el de una productora sobria, pero que hiciera trabajos grandes para las principales agencias y clientes del mercado. Eso, en un primer momento, desde corto a mediano plazo. Todavía queremos ser sobrios, pero tenemos planes de pronto atender a otros mercados con la misma eficiencia que la del brasileño y de producir contenido, películas y series. Saigon es una empresa joven aún. Acabamos de cumplir tres años y creo que todavía tenemos mucho que evolucionar. 2017 y 2018 han sido años excelentes. Tenemos la llegada de dos nuevos directores, Manu Mazzaro y Cisma, y estamos consolidados entre las principales productoras del mercado.


-¿Con qué directores están trabajando ahora?
-Desde abril de 2018 estamos con cuatro directores: Pedro y João (que forman el dúo “2”), Manu Mazzaro, Cisma y yo. Es un número de consenso entre los socios y creemos que es lo ideal. Todos están trabajando, no compiten entre sí directamente y están llevando sus proyectos con calma y tratando de hacer un trabajo por encima del promedio. Si colmamos la productora con muchos directores, necesitamos más gente como un todo, en atención, financiero, investigación. Lo que genera costos. Costos generan cuentas, que generan una búsqueda frenética por más trabajo. Y estos trabajos no siempre serán de calidad. Eso forma un mal ciclo para la productora y para la carrera de los directores. 


-¿Por qué cree que los clientes eligen a Saigon?
-Sin falsa modestia, creo que hemos hecho un trabajo por encima del promedio. Hemos conseguido adecuarnos a los costos, y aun así entregar películas que han sido reconocidas por el mercado. Trabajamos para grandes marcas, agencias exigentes, gente talentosa que siempre quiere más y mejor. Y eso anima a los demás a trabajar con nosotros. Saigon es una empresa de muy bajo perfil, los socios casi no usan Facebook. Yo ni siquiera tuve uno. Tenemos pereza de hacer un falso glamour y ningún talento para ser chupamedias. O sea, nuestra comunicación termina siendo realmente el trabajo. Ha funcionado bien, creo. En casa de herrero, cuchillo de palo, como dicen.


-¿Han trabajado con Realidad Virtual en alguno de sus proyectos?
-Todavía no. Creo que todavía soy muy purista en ese sentido. Ni siquiera me gusta mirar películas 3D. Soy representado por algunas productoras en el exterior, y lo que ha pasado es lo siguiente: en un comercial de autos, por ejemplo, se produce el comercial, convencional, que cada vez más se ha distanciado del formato de 30 segundos y transformado en algo más grande. O sea, producimos una pieza de unos 2 o 3 minutos, o hasta más larga que eso, y hacemos las reducciones para las distintas plataformas. Y en el medio de todo eso, está el pedido de presupuesto de una Realidad Virtual, de dirección de un auto por ejemplo, para que el cliente pueda hacer la experiencia en casa o en la tienda. Mencioné a las productoras de afuera, porque en Brasil esos pedidos todavía son muy escasos, por lo menos en Saigon. He observado también que por ser algo muy técnico, demorado y complejo, muchos directores y productoras no han tenido mucho interés en la realidad virtual. Sea por la técnica, por el tiempo desprendido en la filmación, por el costo desprendido, etc. En cuanto al impacto que eso tendrá, es difícil prever. Puede ser que realmente sea un fenómeno. Que todos tengan sus anteojos con una cuerdita colgada del cuello en un futuro cercano. Pero, ¿las películas 3D dominaron el mercado? No. ¿El MP3 mató al vinilo? Tampoco. Conciertos de verdad siempre van a ser más divertidos que uno virtual. Ahora, en la industria porno creo que puede haber un futuro brillante a corto plazo.


-¿Cómo esperan terminar el año?
-Año de Mundial. De elecciones. Año complejo. Quienes tuvieron las grandes campañas del Mundial de Fútbol tuvieron bastante trabajo hasta ahora. Ahora probablemente tendremos una pausa, por el Mundial de Fútbol y Cannes, y luego más adelante las elecciones. Hicimos un buen año hasta ahora. Estamos con varias películas grandes al aire y algunas más por salir. Pero creo que el segundo semestre aún puede rendir algo. Veremos. Además, estamos en proceso de producción de un cortometraje dirigido por mí, que será filmado a mediados de julio en Cuba. Será nuestro primer proyecto de contenido.


-¿Cuáles fueron los principales cambios que impactaron la industria audiovisual?
-Creo que algo nítido que ha ocurrido es el cambio y la flexibilidad de formatos y plataformas. Estamos menos atrapados a los 30 segundos, y liberándonos de la televisión como único medio de exponer. En el último año, no consigo recordar haber hecho ni siquiera un único trabajo que haya entregado solo 30 segundos o 30 y 60. Siempre entregué formatos más grandes, de 2 a 3 minutos y para varios medios. Hace dos años, dirigí dos cortos para Renault en los que el auto no era el protagonista. Era parte de la historia. Y cada vez más estoy trabajando en proyectos de esa magnitud, en que el producto está involucrado en una historia, storytelling y branded content, etc. Las agencias se han adaptado y me doy cuenta de la pasión de un dúo de creación cuando tienen la posibilidad de crear algo así. Creo que ese puede ser un camino natural y corto.


-¿Siente que es más difícil filmar hoy o cuando empezó su carrera?
-Son dificultades absolutamente diferentes. Cuando estamos empezando, queremos hacer algo. Queremos dirigir cualquier cosa para poder aprender y ver qué pasa. Después a lo largo de los años, adquirimos confianza, las personas te van conociendo, tu trabajo se va haciendo conocido y reconocido. Ahí viene la dificultad de saltar de nivel. Queremos competir contra los grandes directores. Queremos presupuestos más grandes. Cuando aparece la primera oportunidad, ¡cerramos los ojos y vamos! Hoy mis dificultades son, obviamente, además de la competencia con otros directores, la cuestión monetaria, de entrega por costo, de plazo, agenda personal y profesional para conciliar todo. Hoy, la mayoría de las películas pasan por investigación después de la investigación. Una película con un lindo guion puede transformarse en una trampa. Pero todos pasan por eso. O sea, cada momento de la vida y de carrera tiene su dificultad. 


-La evolución tecnológica cambió no solo los formatos de las películas, sino también la forma de trabajar de toda la industria. ¿Le motiva esa nueva era o es más bien nostálgico de los tiempos pasados?
-Tengo dos lados en esa historia. Aunque me encante la tecnología, los nuevos equipamientos, los brazos mecánicos, los equipos súper estables, confiables y cada vez menores, me encanta el olor de las cosas viejas. Creo que la tecnología debe ser usada con sabiduría. Una cámara o un lente nuevo no hacen que un director filme mejor o más lindo. Hay más detrás de eso. Pero en la parte técnica, creo que el secreto es la mezcla y encontrar tu fórmula. Para mí, lo que funciona es la sinergia entre lo viejo y lo antiguo. La cámara súper poderosa que filma a 6k y el lente de 1959 que no enfoca nada más allá de 2 metros. Ahora, hay algo desesperador para mí que son algunos nuevos formatos verticales que para cine es casi un absurdo. Nunca me voy a acostumbrar a eso. A alguien que aprenda a encuadrar un auto sedan en el formato vertical de Instagram y que quede lindo, le agradeceré inmensamente si me lo puede enseñar.


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